HEBERT NIETO: OTRA VÍCTIMA DEL ESCUADRÓN

Nos liberaron, después de estar casi 24 horas detenidos. Y cuando, desde Cárcel Central de la Jefatura de policía, ese domingo 25 de julio de 1971 íbamos caminando hacia la Escuela de la Construc-ción un cartel de un Comité de Base del Frente Amplio en el Cordón nos deja paralizados, sin respiración: Otro estudiante asesinado: Heber Nieto.
El “Negro Manuel”, como se lo conocía en el viejo Instituto de Enseñanza de Electrotecnia y Mecánica (IEME), en la Agrupación Militante de la UTU y en la Escuela de Bellas Artes, o “el Monje” como lo llamaban en el Instituto de Enseñanza de la Construcción (IEC), por una larga gabardina azul marino, que le había prestado un compañero del IEME. “Para nosotros era el ‘Monje’ sin embargo la historia lo conocerá como Hebert Nieto”, dijo el orador del Centro de Estudiantes del IEC, en el acto en la Universidad antes del sepelio.
La pregunta que surgía en medio de nuestra rabia, mientras nos dirigíamos hacia el local del IEC, era, ¿por qué él? Podía haber sido cualquiera de nosotros, que estábamos ahí en ese momento
Esta pregunta quedó sin respuesta, ya que los responsables de su muerte, nunca fueron individualizados. Décadas más tarde, pensamos que tal vez su asesinato, además de la represión política, era consecuencia del color oscuro de su piel, de sus motas. Mataron al joven alto, flaco, rebelde, irreverente, que se reía del poder con su risa franca, a veces nerviosa.
Un sábado soleado de invierno, un 24 de julio de 1971 fue asesinado este joven obrero-estudiante, que aún no había cumplido los 17 años.
Hebert Milton Nieto Santos, nacido el 3 de agosto de 1954, fue un joven precoz en su madurez y su compromiso social. Terminada la escuela primaria, se inscribe en el Liceo Zorrilla y en el IEME), en esa época trabajaba, también, en una carpintería.
Maduró demasiado rápido, como muchos de nosotros en aquella época: con menos de 11 años, nos comenta su hermana Eva: “leía todos mis libros de literatura e historia del liceo”.
Ya a los 12 años, Hebert se encuentra participando en la seccional sur de la Unión de la Juventud Comunista (UJC), en la Comisión de Propaganda. De la cual se desvincula en 1969, por no estar de acuerdo con el comportamiento del Partido Comunista en el conflicto de los obreros de los frigoríficos de ese año. Se acerca a los estudiantes libertarios del IEME, que en ese momento impulsan la democratización del gremio confrontando las posiciones burocráticas y reformistas, promoviendo las asambleas de clase y el funcionamiento por delegados de dichas asambleas, y ahí es cuando se aproxima a las ideas anarquistas, desde esa época, mantendrá su compromiso con las posiciones y prácticas libertarias, desde sus distintos lugares de militancia.
Comenta su hermana, que un día se encuentran y le dice que se fue de la UJC y se hizo anarquista y le explica que significaba eso para él: “Hermana soy anarquista”, me dijo. Nunca me llamaba Eva, solo cuando se enojaba, siempre me decía hermana”.
Esos años ’60, eran tiempos agitados, de definiciones, de compromisos, de deseos inmanentes de cambiar el mundo. El flujo de la revolución cubana, Vietnam, el “Che”, el Mayo francés, la invasión de los tanques rusos en contra la Primavera de Praga, las revueltas culturales y antiautoritarias, todo esto dejo improntas importantes en nuestra generación.
En Uruguay eran tiempos de fuerte represión, de dictadura constitucional. El presidente Pacheco, gobernaba con decretos y “Medidas Prontas de Seguridad”1 Por medio de los aparatos represivos y de asesinatos pretende detener la lucha de los trabajadores, de los estudiantes. Eran tiempos de militarización de trabajadores, de torturas y detenciones de luchadores sociales Eran tiempos de los escuadrones de la muerte, que actuaban con total impunidad, con la complicidad encubierta del Estado.
Nos dice “Lito”, un integrante de la Agrupación Militante: “en esa época el IEME era un instituto que no escapaba a la situación a nivel estudiantil, que se vivía en Uruguay y a nivel internacional. Creo que había una gran influencia de una coyuntura nacional económica y política específica, pero también, había una incidencia de todo lo que venia del ‘mayo francés”’.
Otro compañero del IEME, “Pancho”, muy cercano a Hebert, comenta: “cuando comienza a convulsionarse la UTU el ambiente que se generó era muy fraterno, muy lindo y eso lo va acercando a posi-ciones libertarias”
“Paty”, estudiante del IEC, y también integrante de la Agrupación Militante nos describe la intensidad de ese momento: “Yo en mi vida lo identifico como mi segundo nacimiento, fue un momento en mi historia que me formó como soy y en el cual intervino muchísimo ese grupo humano”
En la UTU, además de la democratización de los gremios estudiantiles, comienza la lucha por materiales y salones, el enfrentamiento al decreto, del 12 de febrero de 1970, que interviene la enseñanza técnica y a la firma de un convenio con el Banco Interaméricano de Desarrollo (B.I.D.), que pretende desmantelarla y ponerla al servicio de los intereses del capital y el imperialismo. ‘No queremos ser idiotas especializados al servicio del imperialismo, sino técnicos al servicio del pueblo’ era la consigna de los estudiantes reivindicando una enseñanza integral’.
La dura lucha de los estudiantes de la U.T.U. en aquellos años, a la que se sumaron los maestros de taller y los profesores, logró detener los planes del BID, los cuales, recién comienzan a ser aplica-dos con la apertura democrática y la Reforma Educativa de Rama (1995).
En todas estas luchas, donde se recreó, como en la lucha por la autonomía universitaria en 1958, la unidad obrero-estudiantil, expresada en la solidaridad con innumerables conflictos obreros y popula-res, como los de la carne, el no pago a UTE, cañeros, medicamento, ferroviarios, TEM, BP Color, etc.2, participó activamente Hebert Nieto, aportando su espontaneidad y su frescura, su alegría para el trabajo colectivo, sus conocimientos en diferentes ámbitos, sus sugerencias como atento lector de teóricos libertarios.
Participó en el MLN Tupamaro hasta principios de 1971, cuando se desvincula por el apoyo al proceso electoral de esta organización política. Se integra a la FAU y se reencuentra con los compañeros de la Agrupación Militante de la UTU, integrante de la Resistencia Obrero-Estudiantil, la cual desde 1969 venia promoviendo en las distintas escuelas industriales (IEME, IEC, Artes Aplicadas, Escuela de la Unión, Escuela de Industrias Navales) las prácticas de libertarizar los gremios, con métodos asamblearios y combativos.
En eso años de duras luchas sociales, la clase dominante se prepara y utiliza todos sus recursos para defender sus privilegios. En 1969 la CIA envía a Montevideo un instructor para la policía, al cono-cido torturador Dan Mitrione, quien venia de trabajar con el DOPS (Departamento de Orden Publico y Social) brasileño, los primeros que comienzan a utilizar sistemáticamente la tortura para el interro-gatorio de izquierdistas. Desde ese momento las fuerzas policiales, aplicando la experiencia brasilera del agente de la CIA, utilizaran la tortura de manera continua y rutinaria, y comienzan a instrumen-tarse los “grupos de choque” contra la izquierda y los Escuadrones de la Muerte.
En la madrugada del lunes 10 de agosto de 1970, aparece el cadáver acribillado de Dan Mitrione quien había sido secuestrado por un comando Tupamaro, el 27 de Julio de ese mismo año.
Inmediatamente, después del ajusticiamiento de Dan Mitrione, surge un Escuadrón de la Muerte del que hacían parte agentes de la CIA e integrantes de los servicios de inteligencia policial y militar, vinculados con la agencia. Según la historiadora Clara Aldrighi eran grupos compartimentados entre sí, que realizaban atentados con bombas y amenazaban personalidades de izquierda. “En el otoño de 1971 algunas de estas personas constituyeron otro grupo, más selecto y secreto, que dio comienzo a las ejecuciones y desapariciones de tupamaros. La elección de las victimas mantuvo una rela-ción directa o indirecta, con el caso Mitrione”.
Ralph McGehee, un agente arrepentido de la CIA, en su libro “Engaños mortales: mis veinticinco años en la CIA”, refiriéndose a Uruguay, afirma que, entre 1970 y 1972, la CIA armó directamente los grupos parapoliciales y “utilizaron el respaldo de informantes para ayudar al Departamento de Información e Inteligencia, que a su vez fue cobertura de los escuadrones de la muerte”
En este período, es nombrado como nuevo jefe del Departamento Nacional de Información e Inteligencia (DNII) el Inspector Víctor Castiglioni, quien ocupa ese cargo hasta final de la dictadura. Muy poco se ha dicho de este tenebroso y siniestro organismo, donde miles de uruguayos fueron salvajemente torturados y de su complicidad con los Escuadrones de la Muerte.
Hebert, ya había sido detenido tres veces por la policía y sabemos, por lo que nos comentó su hermana, que en ese periodo era seguido, posiblemente por tiras de la Dirección de Información e Inteli-gencia, a cuyo cargo estaba ya Castiglioni.

El sábado 24 de julio de 1971, los estudiantes estaban trabajando en la construcción de los salones conquistados por la lucha. Esa lucha, culminó en una ocupación de cinco días del IEC, en la que participó solidariamente Hebert, en ese momento estudiante de la Escuela de Industrias Navales. Cacho, activista del gremio del IEC e integrante de la Agrupación Militante nos dice: ‘la ocupación fue un éxito… logramos que se aprobaran los salones y se comenzara su construcción’. Esos salones arrancados con la lucha al Consejo Interventor, legalizado por el parlamento, serán construidos bajo control estudiantil. No sólo se lograron las nuevas aulas, sino que además, se conquistó el derecho a gestionar la ejecución de las obras, a través de una comisión integrada por un delegado técnico del Instituto y por delegados del gremio.’
Hebert y sus compañeros, fueron descubriendo en esos años, que la Acción Directa es crítica y lucha contra el poder, un estilo de trabajo, sin intermediarios ni representantes, que se opone a las buro-cracias; pero también comprendieron, que la acción directa es creación y vida. Y él, estaba construyendo el fruto de tantas movilizaciones.
Esa tarde soleada de invierno, más de veinte obreros-estudiantes estaban removiendo la carpeta asfáltica y el contrapiso que cubría la terraza sobre la calle Arenal Grande. Con macetas, cortafierros y puntas, se preparaba la azotea para levantar los cimientos de los futuros salones.
En ese mismo momento, unos treinta estudiantes muy jóvenes del IEC, realizaban desde hacia diez minutos un pacifico peaje en solidaridad con los trabajadores de la empresa cartonera CICSSA, que estaba en conflicto. Las acciones de la solidaridad del estudiantado con los conflictos obreros, eran muy comunes en aquellos momentos. Un ómnibus, de la ya desaparecida compañía ONDA, que salía de la Terminal de ómnibus interdepartamentales, que estaba frente al instituto, donde hoy está la feria ambulante, intentó atropellar a los jóvenes que hacían el peaje, en respuesta, es golpeado y apedreado por los estudiantes.
Dos policías de particular, intervienen disparando sus armas contra estos jóvenes, que no superaban los quince años que huyen a refugiarse al instituto.
Desde la azotea, los trabajadores escuchan los disparos y ante el atropello por parte de los dos ‘tiras’ comienzan a tirar escombros y pedazos de la carpeta asfáltica.
Éstos, se alejan hacia el Banco de Previsión Social, en construcción, para protegerse de la lluvia de piedras y desde ahí continúan disparando sus armas. Llegan nuevos policías de la seccional 5ª, que se unen a los ‘tiras’ y sigue el enfrentamiento de las piedras de los trabajadores contra las balas policiales.
El director de instituto, Fernández, sale del edificio a dialogar con el subcomisario de la seccional. Vuelve diciendo que la policía se va a retirar y que se prosiga con normalidad con los trabajos de la obra.
Los represores de la Dirección de Información e Inteligencia, llegan comandados por el mismo Castiglioni, después que estaba todo en calma en la azotea del Instituto de la Construcción, y ya en la obra se estaba trabajando normalmente. Nada hacia pensar que hubiera de nuevo represión.
La DNII conjuntamente con la Metro, rodean y desalojan la zona. Llegan en tres automóviles Maverick, de los que usaba la inteligencia policial y dos ‘chanchitas’. Según el semanario al Rojo Vivo: “mi-nutos después llegaron otros dos vehículos similares, de uno de los cuales, junto a los hombres de particular que descendieron, estaba el jerarca que dirigió todo… finalmente llego el ultimo Maverick del cual vimos sacar los cuatro rifles con miras telescópicas. Estos fueron repartidos entre quienes no llevaban uniformes…”
El Centro de Estudiantes del Instituto de la Construcción (CEIEC), informa en un comunicado, que cuando se estaba trabajando con normalidad, la policía despliega sorpresivamente un operativo con “ráfagas de metralleta, gases lacrimógenos y disparos de armas cortas y largas (como lo prueban los impactos en las paredes”. Hebert Nieto es herido de bala (calibre 22) disparada a unos treinta me-tros y a su misma altura. De la azotea del Banco de Previsión Social fue visto por estudiantes, empleados del CASMU, un ‘tira’ con arma larga de precisión y mira telescópica.
En la azotea, había una pequeña puerta de salida, para llegar a ella, había que subir unos escalones. El ‘tira’ que estaba en la azotea del nuevo edificio del BPS, en diagonal con el IEC, apuntaba co-ntra la puerta de salida. El ´Monje´ pasó varias veces por esa puerta durante los enfrentamientos. El francotirador lo vio claramente, capaz que hasta lo reconoció por haber participado en su seguimien-to. La elección queda hecha, por esos mezquinos administradores de la muerte; joven, negro, pobre y además anarquista, era la nueva victima de estos ‘fanáticos acumuladores de impunidades. Apun-tó cuidadosamente y disparó con voluntad de matar. Cae mortalmente herido, una bala le atravesó los pulmones y le partió el corazón.
Uno de los cuatro francotiradores de Castiglioni es el autor del disparo. ¿Quiénes eran esos cuatro vestidos con overol gris, que utilizaban armas no reglamentarias, que provenían de envíos especiales de armas que llegaban de EE.UU?
¿Quiénes eran esos asesinos, que eligen su víctima y tiran a matar haciendo de ese día una tragedia que no olvidaremos?
Estos cuatro hombres de particular, eran, probablemente, integrantes de un grupo parapolicial bajo las órdenes de Castiglioni. Este último está señalado en las confesiones del agente de la CIA Barde-sio como integrante de los escuadrones de la muerte.
Los informes del medico forense Dr. Julio Arzuaga y de la propia Sala de Abogados de la UTU fueron concluyentes en cuanto a los responsables del homicidio.
El Consejo Interventor de la Universidad del Trabajo, prohibió difundir el informe de sus abogados. Unos días después el domicilio del Dr. Arzuaga, fue victima de un atentado dinamitero realizado por un Escuadrón de la Muerte.
Primero la policía quiso hacer creer que la bala que había matado al estudiante, había sido disparada por sus propios compañeros. Después ante las conclusiones del medico forense, de la Sala de Abogados de la UTU y de los testimonios del director del IEC, Fernández, de trabajadores del CASMU y los propios testimonios de los estudiantes y de los maestros de taller, quedó demostrado que los disparos venían de la policía y que la bala que lo mató provenía de un disparo con un rifle calibre 22, a la misma altura donde estaba la victima y aproximadamente a 30 metros de distancia, en di-agonal con la puerta de salida de la azotea, es decir desde el primer piso del edificio del BPS, en construcción.
La policía se había comprometido con el director del IEC, que no iba a pasar nada, que todo volvía a la normalidad. Sin embargo, volvieron, fríamente calculado, buscaron y fusilaron a su víctima
Hoy, a 36 años del asesinato, seguimos sin saber quién le disparo. Nunca la justicia investigó el caso, sigue la impunidad, como en todos los casos donde se supone que actuaron los distintos grupos fascistas, para-policiales y Escuadrones de la Muerte, que accionaron en la oscuridad, desde la ilegalidad constitucional y con respaldo institucional para realizar atentados y asesinar militantes de iz-quierda.
Y en el asesinato de Hebert Nieto, todo parece indicar que actuó el escuadrón de Castiglioni, el mismo que lo venia siguiendo, el mismo que días más tarde pone una bomba en el domicilio del médico forense Arzuaga. El mismo Castiglioni, que es homenajeado en el parlamento por el diputado colorado García Pintos, ex -integrante del grupo fascista Juventud Uruguaya de Pie (JUP)3
La verdad y la justicia siguen faltando.
El Indio
Publicado en Alter Nº 10

1 Jorge Pacheco Areco alcanza la presidencia el 6.12.1967, tras la muerte del presidente Oscar Gestido; cuatro días más tarde ilegaliza, por decreto, seis grupos de izquierda acusados de promover la lucha armada: Grupo Independientes de Época, Partido Socialista, MRO (Movimiento Revolucionario Oriental), FAU, MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitario), MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionario). También, son clausurados definitivamente el diario Época y el semanario Sol. Su gobierno autoritario, definido como dictadura constitucional, se caracterizó por gobernar casi permanentemente bajo Medidas Prontas de Seguridad, que posibilitó al Poder Ejecutivo suspender las garantías individuales y detener a estudiantes y sindicalistas en los cuarteles sin proceso judicial. Pacheco elige a su equipo ministerial entre los representantes de los grupos económicos más importantes. Durante su gobierno fueron asesinados tres estudiantes.
2 TEM, empresa que fabricaba electrodomésticos y que en 1970 tuvo un duro conflicto con sus trabajadores. BP Color era un cotidiano que fue ocupado por sus trabajadores y salieron algunos números de dicho diario ‘bajo control obrero’, figurando en su portada la frase internacionalista: La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos. En todos estos conflictos participarán activamente las agrupaciones obreras y estudiantiles de la Resistencia Obrero-Estudiantil, organización de características libertarias creada en el año1969.
3 La Juventud Uruguay de Pie (JUP), fundada a mediados de 1970 con el apoyo de la estación de la CIA en Uruguay, fue un grupo fascista que actuó atacando liceos y golpeando estudiantes, contando con la impunidad que le daba tener la protección policial y de sectores del gobierno.

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